Homenaje al Prof. Dr. Pedro H. Magnin

Homenaje al Prof. Dr. Pedro H. Magnin

Me voy a referir a quien fuera mi Maestro, tanto en mi profesión como de vida, no sin antes agradecer a Dios por darme la oportunidad de formarme bajo su tutela y a la familia, por permitirme transitar y compartir a su lado un pedacito de su vida.
Pedro Horacio Magnin, nació el 6 de diciembre de 1925, en el seno de una familia tradicional de la época. Su madre, Amalia Laborde, maestra, su padre, Juan Pedro Magnin, prestigioso médico, director del Hospital Alvear, fueron, a su decir sus primeros maestros.
En la educación recibida en su hogar, donde la mayor parte de su familia estaba vinculada de alguna manera a la docencia y posteriormente en el Colegio Nacional Buenos Aires, del que egresó en 1943, encontró las bases firmes que forjaron su personalidad impregnada por el culto al trabajo, justicia, respeto y ejercicio de valores morales. Así, desde niño fue observador de lo que luego practicó toda su vida.

En la facultad de Medicina de Buenos Aires, de la que egresó como médico en 1950, contó con maestros que lideraban escuelas de reconocido prestigio y gran importancia en su formación, tales como el Prof. Bernardo Houssay, posterior premio Nóbel.

Prof. Dr. Pedro H. Magnin

(1925-2012)

Cursó dermatología en el último año de la carrera de medicina, de la mano del Profesor Marcial Quiroga, quien le transmitiera el amor a la especialidad y de quien a posteriori sería discípulo.
En 1950, ingresó como adscrito a clínica dermatológica del Hospital Ramos Mejía, servicio a cargo del Prof. Quiroga, donde desarrollaría su actividad médico asistencial, docente y de investigación, hasta aún luego de su jubilación. Fue nombrado encargado de  investigaciones de la cátedra de dermatología de la Universidad de Buenos Aires, en 1952. Se doctoró con calificación de tesis sobresaliente, en 1953.


En el Hospital Ramos Mejía con su maestro Marcial Quiroga.

Se introdujo en el estudio de la melanogénesis a instancias de Quiroga y posteriormente con el desarrollo de la beca José Puente, durante el año 1954, inició investigaciones sobre el tema, que proseguiría luego en la Universidad de Chicago, EEUU, con el profesor Stephen Rothman, durante 1955.
A su regreso de los Estados Unidos de Norteamérica, en 1956, fue nombrado Docente Autorizado de la Universidad de Buenos Aires y jefe del servicio de dermatología del Hospital Británico, cargo que ejercería hasta 1976.
Fue Profesor Adjunto de Dermatología en 1965 y en 1971, con tan sólo 45 años, profesor titular. En ese mismo año ganó la jefatura del servicio de Dermatología del Hospital José María Ramos Mejía, sucediendo al Prof. Mazzini.
Desde 1973 a 1986 fue director de la unidad docente hospitalaria de dicho hospital.
Ha sido un incansable trabajador con extraordinarias condiciones organizativas, las que plasmó en la cátedra y en su quehacer diario. Su agenda, inseparable compañera, reflejaba el trabajo cotidiano, proyectado, muchas veces, hasta con dos años de antelación.
Era el primero en llegar al servicio, comenzando su actividad antes de la 4 de la mañana.
En la sala de Dermatología, sala 14, desarrollaba una intensa labor, en donde se sucedían atención de enfermos, ínter-consultas, cursos, ateneos clínicos, ateneos bibliográficos, entrevistas, recorridas de sala, supervisión de trabajos científicos, de investigación, de becas o tesis doctorales que apadrinaba. Constituyó ejemplo y estímulo de quienes lo rodeaban, encontrando en él el apoyo y aliciente necesarios.
Continuaba su tarea en la práctica privada, en su consultorio y las últimas horas del día las dedicaba al estudio, la escritura y preparación de conferencias, trabajos, clases y cursos, en su vasta y actualizada biblioteca del 5° piso de la calle Arenales, provista de innumerables libros y revistas médicas. Pasaba los fines de semana en su quinta de Ezeiza, su cable a tierra, no sin previamente, los sábados por la mañana o al regreso, los domingos, visitar  los pacientes internados en su servicio. Fue un fiel ejemplo de estudio, esfuerzo, dedicación y compromiso.
Con la convicción que la educación, es uno de los pilares más importantes para el desarrollo del ser humano, ejerció con entusiasmo y ahínco la docencia, tanto del pre como del postgrado, con más de 200 cursos para especialistas dictados. Los mismos se iniciaban en el mes de febrero con el curso formación de ayudantes de trabajos prácticos, poniendo especial interés en la relación docente-alumno. También en el mismo mes se desarrollaba la cursada de verano para el pregrado.
Cabe especial mención el curso anual para graduados, con clases teórico-practicas, que se iniciaba los lunes a las 5 de la mañana, con la atención de paciente que en muchos casos pasaban la noche en el hospital para ser atendidos, actuando él, como único docente.
Dirigió el Curso Superior para la especialización de Médicos Dermatólogos, de la Universidad de Buenos Aires. Desde 1973 hasta 1992, anteriormente entre 1968 y 1970 el curso de especialistas de la Asociación Argentina de Dermatología.

Puso particular interés en ciertos aspectos de la Dermatología y la medicina social, reflejados en la prioridad que ha dado en la atención, estudio y seguimiento de pacientes con melanoma y el énfasis que hacía en la campaña contra la lepra, donde aparte de destacar la importancia de educar tanto al dermatólogo como  al médico general, en el reconocimiento precoz de esta enfermedad, con sus cursos “Piense en lepra”, lo plasmó en la campaña que se realizaba con búsqueda activa de casos y control de convivientes, en el partido de La Matanza. Cabe mencionar, que el servicio bajo su dirección, fue unos de los primeros en adherirse a partir de 1981, a la poliquimioterapia propuesta por la OMS.


En su Ramos Mejía con varios de sus discípulos.

Ha sido autor de 19 libros y otros 5 en calidad de colaborador. Tiene aproximadamente 320 trabajos publicados en revistas nacionales e internacionales y más de 400 conferencias pronunciadas, tanto en el país como en el extranjero.

Su amplia experiencia, adquirida mediante la investigación, estudio y observación de los pacientes, las distintas patologías y su relación con otras disciplinas, se han visto reflejados no sólo en su labor cotidiana, sino en los reconocimientos que obtuvo.
A lo largo de su carrera recibió más de 20 premios, otorgados por distintas entidades como la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, la Asociación  Argentina de Dermatología, Comisión Nacional de Cultura y Academia Nacional de Medicina. Muchos de ellos compartidos con  colegas y colaboradores.


Algunos Premios que obtuvo e hizo obtener.

En 1986 recibió el título de Maestro de la Medicina, otorgado por la Prensa Médica. Premio a la trayectoria de una vida como médico y como hombre, galardón que compartió ese año con el Dr. René Favaloro y El Dr. Emilio Etala y que otrora recibieran los doctores Marcial Quiroga, Pablo Negroni, Alfredo Lanari, Leoncio Arrighi, Luis Federico Leloir, Enrique Malbrán y Roberto Votta, entre otros.


Maestro de la Medicina. Junto a René Favaloro y Emilio Etala.

En el mismo año fue nombrado Académico de la Academia Nacional de Medicina, ocupando el sitial de Marcial Quiroga.
Allí ha sido miembro de diferentes comisiones, entre ellas la de certificación y recertificación.


Miembro de número de la Academia Nacional de Medicina


Académico, con todas las letras.

Fue director de la Revista Argentina de Dermatología  y presidente en tres oportunidades de la Asociación  Argentina de Dermatología, entidad a la que al igual que al servicio le dedicó gran parte de su tiempo, condicionando su vida privada y familiar.

También formó parte del tribunal de honor del Hospital Británico
Tuvo participación en diferentes congresos, como conferencista u organizador, muchos de los cuales presidió. Formó parte de varios jurados de premios y concursos.

Fue director de 16 tesis doctorales, como así también de numerosas becas de investigación.

De la Cátedra bajo su tutela, han surgido cientos de dermatólogos, distribuidos por toda la Argentina y en diferentes países de Latinoamérica y España. Muchos de ellos hoy son profesores o están liderando distintos servicios de dermatología


En Congresos, enseñando siempre.


En su Hospital, con sus queridos colaboradores no-médicos pero imprescindibles.

Ha tenido también, una importante actuación como miembro en diferentes entidades científicas extranjeras tales como: Society for Investigative Dermatology, American Academy of  Dermatology, New York Academy of Sciences, Societe Francoise de Dermatologie, Academia Española de Dermatología, Sociedades Brasileras, Uruguayas, Venezolanas y de México, entre otras.
Formó una hermosa familia, junto a Nélida, su esposa, amiga, compañera y confidente durante 56 años y su hija Carolina, quien le dio dos nietas.
En su hogar encontró el cariño, la paz, también el sacrificio y las postergaciones, que le permitieron desarrollarse como hombre de ciencia, dedicado al ejercicio de la medicina, sin duda su gran amor y el motivo de su vida.
Sus mejores y más entrañables amigos los forjó en el colegio y en el ámbito laboral, unidos por el trabajo y el estudio.
Amaba el arte, por sobre todo la pintura. Gran lector, teniendo especial admiración por Borges y Santiago Ramón y Cajal, a quien tenía presente en un cuadro de su despacho, con las siguientes palabras: “urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrio todos los ríos que se pierden en el mar y todos los cerebros que se pierden en la ignorancia…”

Su instrumento musical predilecto era la trompeta, de allí quizá su especial gusto por la música de Louis Armstrong.


Arte y su admirado Cajal.

Fue maestro en la más estricta acepción del vocablo, como aquel que enseña de manera trascendente, que va más allá del contenido de la disciplina, cuyo conocimiento transmite y al hacerlo inserta al conocimiento en una conducta, una actitud, un estilo de vida.
Poseedor de una particular personalidad, recto, exigente, primero consigo mismo y por ende con los demás, severo, pero justo y a la vez generoso; idóneo, hizo que la interacción maestro-discípulo tenga la fluidez que exige un espíritu y una actitud sin reservas, donde el respeto al prójimo, no sólo expresado, sino actuado, el sentido de justicia, el convencimiento de que un mayor esfuerzo conduce a mejores logros, el desarrollo de la inteligencia y no de la viveza, el desafío de dar lo mejor que podemos para el enfermo, eran su bandera  de vida.

Valga esta resumida y seguramente incompleta semblanza, como homenaje a un grande, no sólo de la Dermatología sino de la Medicina Argentina, quien ha sabido impartir ejemplo y enseñanza a sus discípulos en un marco de entrega y respeto al paciente, dedicación y excelencia, amor a su profesión, ejercicio de valores morales y por sobre todo con un estricto sentido de la ética como valor cotidiano y no un simple ícono semántico, del que en general se vanaglorian quienes no lo ejercen.

Pedro Horacio Magnin, está en cada uno de nosotros, quienes nos reconocemos sus discípulos y seguirá presente cada vez que impartamos sus enseñanzas.

Me resta en mi nombre y permítanme, amigos, también en el de ustedes, simplemente decir: Gracias Maestro …!

Doctora Viviana Bonanno

 

Quiero anotar mi firma en este Homenaje tan especial y sumar mis condolencias a la familia, de un hombre tan excepcional como fue el Dr. Pedro Horacio Magnin. No hace falta extenderme en agradecimientos propios y de toda la comunidad de médicos españoles, por su altruismo y generosidad en la enseñanza, que ahora ya, la mayoría con canas, esposa e hijos, al encontrarnos seguimos emocionándonos al recordar anécdotas y los sabios consejos que nos dio el Dr. Magnin. Para no decepcionarle, hemos intentado seguir sus pasos de honradez y constancia en el trabajo y su fruto es, que la mayoría de los que aprendimos con él nos hemos situado en la dermatología española con rectitud y solvencia. En mi caso particular, monté una clínica privada Dermatológica en Palma de Mallorca, que completo con trabajo en la Sanidad Pública en el Hospital de la Cruz Roja de Palma de Mallorca y con crisis y sin crisis siempre he tenido trabajo. Esperando que la memoria del Dr. Pedro Horacio Magnin perviva siempre en la comunidad Científica y Dermatológica del mundo y en los corazones de su familia y amigos, entre los que me cuento. Abrazos a todos los que compartimos la experiencia de conocerle y especialmente a su familia.

Dr. Guillermo Perelló Llinás

Quiero que transmitan mi respeto, afecto y eterno agradecimiento hacia el profesor. A pesar que ha dejado de estar entre nosotros su recuerdo prevalecerá, en mi caso casi todos los días lo tengo presente en mi práctica clinica, es mucho lo que nos enseño, mucho lo que nos exigió y gracias a todo ello consiguió un gran grupo de discípulos, de los que creo se sentiría orgulloso. Es cierto que cuando alguien falta y se le hace un homenaje siempre se loan sus virtudes, en este caso sería una ingratitud no reconocerlas. Con todo mi cariño.

Dra. Toñi Reyes

Ser alumna del profesor Magnin, fue para mi un honor. Lo recuerdo todos los dias cuando estoy con mis pacientes y todavía caigo en la cuenta de cosas que él pretendía que entendiera. Vivía la dermatología y lo compartía de todas las maneras con absoluta generosidad, incluso con su mirada azul que parecía querer transmitir lo que a veces no podía con palabras. Mi profundo cariño y agradecimiento.

Dra. Isabel González Rodríguez.
Dermatóloga. Gijón-Asturias-España

Mis condolencias por el reciente fallecimiento. Tambien me gustaría expresar un sincero agradecimiento por la labor docente y humana del Profesor Magnin, que formó a tantos compañeros con la suerte de estar a su lado. Un fuerte abrazo.

Dr. Gonzalo Serrano Ibarbia.
Dermatólogo. Guipuzcoa, España

Todos los españoles que tuvimos el honor de hacer la especialidad bajo su magistral enseñanza, queremos unirnos hoy al Homenaje que se le rinde al gran Maestro Profesor Magnin, por su dedicación y competencia a nuestra muy querida especialidad de Dermatología. Queremos agradecerle la deferencia que tuvo con nosotros y que hizo que desde el primer día nos sintiéramos como en casa. Sentimos no poder estar ahí, pero la distancia es mucha y las circunstancias no lo ponen fácil, pero queremos hacer constar en este acto, nuestro agradecimiento, respeto, admiración y afecto que su personalidad nos causó. Su recuerdo siempre estará presente en nuestra memoria donde dejó profunda huella. Gracias Maestro. Sus discípulos españoles:

Dra. Rocío Ortiz y Dr. Enrique Dulanto.
Clínica Dulanto. Granada, España

A Magnin, el profesor y maestro que me dejó sin habla por ocho dias para enseñarme otra lección también muy importante que lo primero es el paciente. Gracias a él aprendí lo fundamental: hay que explorar bien al paciente y hacerle una buena historia para llegar a un diagnóstico, lo recuerdo todos los días y a medida que pasa el tiempo le estoy más agradecida. Eso sí, los madrugones de las 4 de la mañana no se lo perdono.

Dra. Socorro Fierro.
Clínica Virxen Da Mariña. Burela. Lugo. España

Dice un refrán español: “La felicidad que tienes es la que repartes” y yo digo: “La profesionalidad que tuvo es la que repartió a sus discípulos españoles, además de acogernos y de sembrar en nosotros la semilla del buen quehacer y motivación para el futuro”. Gracias Profesor por los buenos momentos pasados, gracias por enseñarnos y trasmitirnos que el trabajo y el esfuerzo tiene su recompensa y en mi caso, he llegado por el camino que me enseñó a donde me propuse. Que Dios le bendiga.

Dr. José Andrés González Saavedra.
Adjunto Hospital Clínico Universitario de Málaga. España

Fue una suerte conocerle, un lujo trabajar a sus órdenes y un honor que, con su gran generosidad, quisiera compartir con nosotros sus grandes conocimientos. Descanse en paz, mi querido Profesor. Quiero hacer llegar mi más sentido pésame a sus seres queridos, allegados y a la gran familia dermatológica que él supo crear.

Dra. Maria Elena Aramburu Aguirre.
Onkologikoa. Instituto Oncológico de San Sebastián. Gipuzkoa. España

Varios compañeros dermatólogos españoles me han pedido que escriba, unas letras que sirvan para unirnos al homenaje póstumo al profesor Pedro Horacio Magnin. Conocen de sobra mi aversión a ello, pero también es cierto que tomo la propuesta como un deber ineludible. Varias razones me acompañaron a seguir este parecer y una concluyente es que, como decía San Martín: “en general a los hombres juzgan el presente según sus intereses y su pasado según la verdadera justicia”. Con justicia los dermatólogos españoles que tuvimos el privilegio de formarnos con él, debemos y queremos recordar al Profesor Magnin. Fue un referente de ética y moralidad, con una personalidad peculiar, singular: exigente, severo y al mismo tiempo humano y paternal. Estudioso, perfeccionista, trabajador incansable, con una vitalidad difícil de seguir, que era su verdadero modo de entender la existencia. Nos enseñó que por encima de nuestros intereses está el paciente y que para llevar esta máxima a la práctica, lo más importante es la vocación. Defendió el derecho del médico a elegir su propia vocación, enfrentándose a una sociedad refractaria al derecho individual. Nunca compartió esa simbiosis de ciencia e industria, por el peligro que el pensamiento económico mediatizase la labor profesional e investigadora, convencido de que la universidad debe ser un modelo de independencia y seriedad. Nos enseñó que la evolución del conocimiento es producto de la contribución de las más variadas disciplinas, adaptadas al entorno que nos rodea. Impartía sus conocimientos con gran pasión y amor a la Dermatología. Todavía resuena en mis oidos: “Piense en lepra, es su deber”. “No lo olviden jamás, el trabajo todo lo vence” o “del paciente al libro, del libro al paciente”. También quedan en nuestra memoria los madrugones a las cinco de la mañana. Quisiera buscar unas palabras en el diccionario que puedan reflejar lo que sentimos y lo que representó para nuestras vidas. Pero al final, la sencillez de las palabras más simples dan la clave de lo que queremos expresar: ¡Muchas Gracias, no le olvidaremos, Maestro!

Dr. Juan Antonio Pérez Cejudo.
Lanzarote – Islas Canarias

Hoy ha muerto Magnin. ¿O fue ayer? No sé. Es igual. Ha muerto y lo imagino en el aula de los Maestros, en la primera fila, porque habrá llegado el primero, a las cuatro de la mañana, como siempre. Nosotros “directamente” llegaremos un poco más tarde, como siempre. Gracias, Maestro. Siempre en mi corazón y mis recuerdos.

Dr. José Manuel González Montero.
Dermatólogo. Ponferrada. León. España

Marco, le espero mañana a las 5 horas para pasar consulta.
A las 5 de la mañana, profesor?
Sí, a las 5!……………si llega un minuto tarde, le agradecería que no entre a la sesión.
Con estas palabras, mi profesor y maestro el Dr. PH Magnin, me abrió las puertas para poder formarme en una especialidad, dermatología, que en España me resultaba completamente  imposible poder  hacerla….corría el año 1988.
Han pasado 24 años y gracias a la oportunidad que me dio mi querido profesor en esos cruciales momentos de mi vida, trabajo en una profesión que me gusta y sorprende cada día, vivimos mi familia y yo del trabajo que me reporta la misma; además, tengo la suerte de trabajar con unos maravillosos compañeros en un hospital del mediterráneo español, en la ciudad de Torrevieja (Alicante)…………….qué más se puede pedir???
Es por ello, mi gratitud infinita hacia mi profesor y mi más sincero pésame a su mujer y a toda su familia. Un cordial saludo y un gran abrazo desde España.

Dr. Vicente Marco Estevan

Agradezco a la vida el haber tenido la oportunidad de integrar el grupo de dermatólogos, formados por el Maestro Profesor Magnin. No solo me hizo disfrutar la dermatología, sino también a quererlo como a mi segundo padre, por sus  enseñanzas de ética.

Dr Mario Oxilia.
Hospital Ramos Mejía. Buenos Aires

Se nos ha prendido de esa llama suya en nuestro pecho, ese fuego sagrado: el amor por la Dermatología que nos inculcó allí, en la Sala XIV del Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires. El amor por las lesiones elementales y por las maculosas, por las manifestaciones cutáneas de las enfermedades internas, por “el enfermo y el libro”, tal cual nos repetía con palabras y nos mostraba con su conducta y ética. Ha sembrado Profesor… Las semillas han crecido, se han dispersado. Somos la última generación de sus discípulos, los más jóvenes. Los que aprendimos trabajando a su lado al final de los ´80 y principios de los ´90. ¿Cómo podemos agradecerle todo lo que ha dado, Profesor?

Dr. Jorge E. Tiscornia.
Hospital Ramos Mejia. Buenos Aires

Me emociona recibir este mail y con gusto asistiría si estuviera en Argentina. Es un homenaje más que merecido. Como a muchos que tuvimos el privilegio de conocerlo, nunca pasa mucho tiempo sin que me acuerde de él y su forma de enseñar. Fue el último de los grandes Maestros, así con mayúscula, con todo lo que la palabra implica: transmisión de una ética, de valores, de filosofía, de amor por el conocimiento, la disciplina y el trabajo. No nos enseñaba “dando cátedra” sino invitándonos a reflexionar, poniéndonos preguntas más que respuestas (su famosa frase “pensalo”), que nos hacia investigar como locos en los libros. Él me hizo amar la dermatología, me convirtió en dermatóloga … pero además de maestro fue como un padre, al que sus hijos seguían muchas veces protestando (sus inolvidables sesiones con pacientes los lunes a las 5 de la mañana, que cuánto me han hecho protestar y hoy recuerdo con cariño y nostalgia). Mi querido profesor Magnin: siento una profunda gratitud contigo. Estás en lo profundo de mi corazón. Ha sido una época plena y feliz y SIEMPRE estarás en mi corazón y mis recuerdos. Gracias Maestro!!

Dra. Cristina Zemba
Ex residente Hospital Ramos Mejía. Hoy en Barcelona, España

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