Albert Bernard Ackerman (1936-2008)

RE Achenbach * * Profesor Regular Adjunto. Universidad de Buenos Aires. Jefe de Unidad Dermatología Hospital Dr I Pirovano. e-mail: rachenbach@hotmail.com

Autores | Contacto

RE Achenbach *

* Profesor Regular Adjunto. Universidad de Buenos Aires.
Jefe de Unidad Dermatología Hospital Dr I Pirovano.

e-mail: rachenbach@hotmail.com

Dirección
Prof. Dr. Ricardo E. Achenbach

 

Artículo | Referencias

Por curioso que parezca, un dermatólogo clínico inicia la serie de biografías de la Revista Argentina de Dermatología, con la de  Albert  Bernard Ackerman (“Bernie” para sus amigos), un  Maestro Gigante de la dermatología y de la dermopatología. Al decir de W Weyers, un estudioso de la historia de la medicina, es difícil encontrar alguien como Ackerman que haya influenciado tanto en una especialidad médica, como él lo ha hecho en la dermatología y dermopatología del siglo XX.
Nació en Elizabeth, NJ, EEUU, el 22 de noviembre de 1936 en el seno de una familia de inmigrantes judíos, que huyeron de Lituania y Estonia del exterminio nazi. Su madre, alegre y permisiva le estimuló la creatividad e imaginación, su padre, rígido, volcó en sus tres hijos la presión de superarse continuamente, lo que creó en Ackerman una actitud ambivalente hacia él.
Si bien no era un practicante de la religión y casi nunca pisó un templo, siempre estuvo alerta acerca de las actitudes antisemitas y las combatió con vehemencia, él mismo las sufrió en su juventud. La defensa de las minorías fue una marca propia y la individualidad que plantea el Torah, también, “I, myself, alone” (yo, personalmente, solo). Esto no significaba aislamiento, disfrutaba de la colegiabilidad, la sociabilidad, la amistad y la relación con sus discípulos pero en algunas actividades como la contemplación, introspección y meditación, necesitaba la soledad. Rossita Lazova, una de sus incontables alumnas, escribe en su homenaje que Bernie era como el Sol, a la distancia cálido,  placentero y demasiado cerca, quemaba.
En la escuela elemental y secundaria siempre se encontró entre los mejores alumnos, descubriendo en sí mismo un poder de creatividad que desconocía.
Ingresó en la Universidad de Princeton, donde se graduó con honores en religión y literatura en 1958. Un dominio del lenguaje preciso es una etiqueta de su obra, como su apertura mental junto a la facilidad para reconocer imágenes, aplicando los principios de la botánica y zoología a la histopatología. Al momento de graduarse, ya poseía sólidos principios morales y convicciones, la vida para él tenía significado si este era generado por uno mismo, con un objetivo a completar.
Ackerman vio el propósito de su vida en ayudar a modelar el mundo, acorde a principios de un conocimiento libre de prejuicios, sin juzgar a las personas por su raza o religión sino por su comportamiento, habilidades y méritos. A los 21 años aún no sabía bien qué carrera seguir y si bien se inclinaba por las ciencias humanísticas, su padre incidió para que finalmente accediera a estudiar medicina.

A pesar de los obstáculos para que los judíos no ingresen fácilmente, logró ser aceptado en la Universidad de Columbia, Nueva York, donde disfrutó de grandes profesores, que le inculcaron el saber decir “no sé” cuando se debía y dedicarse al paciente. Se graduó en 1962 y luego del internado en el Mount Sinaí, comenzó su primer año de residencia en el departamento de dermatología del Columbia-Presbyterian Hospital. Cumplió el servicio militar durante dos años, en un servicio de alergia y dermatología de una base aérea de Washington y completó su residencia en dermatología en las universidades de Pensilvania y Boston (Harvard), siempre en constante movimiento.
El mismo Ackerman reconocía como su mejor maestro en dermatología a Carl T Nelson de su primer año en Columbia, este no era un brillante investigador pero sí un excelente clínico y un hombre cabal, que al encontrarse con él en su primer día de residencia y al haberle preguntado Ackerman por el contrato de residencia,  le expresó: “…los caballeros no necesitan contratos….” una frase que Bernie no olvidó en su vida. Su credo a favor del paciente le caló hondo y Ackerman aprendió que la palabra doctor proviene del latín: “docere”, enseñar y así lo hizo en su vida, enseño y educó, nunca adoctrinó ni forzó.
Ya en ese primer año de residencia, pensó en dedicarse a la dermopatología, dado que cada vez que un problema diagnóstico surgía, Nelson se dirigía al patólogo Lewis Shapiro quien daba la última palabra, eso le agradó desde un comienzo y junto a Shapiro, comenzó sus primeras publicaciones sobre micosis fungoide pustulosa, gonocococcemia y queratosis seborreica símil liquen plano.
Su segundo año de residencia en Pensilvania resultó decepcionante para su persona, es así como luego de una recorrida de sala, tomó del brazo al jefe de servicio Walter B Shelley y le dijo: “…Dr Shelley, usted puede hacerlo mucho mejor que esto…” En esos tiempos el servicio se focalizaba en la investigación más que en la clínica, especialmente de la mano de Albert Kligman, quien se dedicaba más a la industria farmacéutica y a dudosos experimentos en prisioneros, a cambio de acortarles la pena. Con los años, Ackerman se arrepintió de haber participado en uno de ellos, no así Kligman, quien nunca admitió el error y los llevó a una larga disputa. Copió sin embargo de Kligman, el sano ejercicio de adjudicar a los alumnos un proyecto, que en el curso del año sea desarrollado y expuesto por ellos, al igual que los incentivaba a publicar, aunque muchas veces el mismo Bernie rehacía el trabajo entero, colocando al residente o rotante como primer autor.
Su tercer año en Harvard, lo efectuó con W Clark (Jr) ya más dedicado a la dermopatología, en el verano de 1967 y se transformó en un discípulo de Clark; por esa época se dedicó a su clasificación del melanoma. Con el tiempo cada uno tuvo posiciones antagónicas respecto de las neoplasias melanocíticas y el melanoma, pero Bernie siempre reconoció a Clark como un maestro y se respetaron mutuamente.

Ackerman enfatizó que el trabajo del patólogo es el diagnóstico, no el pronóstico y creó criterios repetibles y confiables para ello, le criticaba a Clark que de un trabajo a otro cambiaba los criterios y definiciones, expresaba: “…nunca cambies las reglas en medio del juego…” El período de residencia en Boston no fue todo lo placentero que debió haber sido, el jefe del Departamento de dermatología era Thomas B Fitzpatrick, quien le pidió a Bernie que edite las fotos clínicas para la primera edición de su libro, pero le advirtió que no le adjudicaría los “créditos” por dicho trabajo (no figuraría entre los autores) y solo le aseguraba que sería en beneficio de su carrera, Ackerman rechazó la propuesta y Fitzpatrick no se lo perdonó nunca, le hizo la vida imposible, tampoco le perdonó su crecimiento, la capacidad diagnóstica y la popularidad que Bernie adquiría con sus clases y su inigualable histrionismo. A pesar que B Castleman deseaba que Ackerman se hiciera cargo del sector dermopatología, Fitzpatrick se lo impidió y eligió a Martin Mihm (Jr), aunque antes decidió efectuar una competencia entre ellos, de la que Ackerman salió ganador por amplísimo margen, demostrándole a su jefe cuán pobre era su juicio de valores.
Sacó rédito de su obligada partida de Massachussets, se embarcó en una serie de conferencias y estudió en Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania, Israel, Tailandia y Japón. Al regresar a EEUU comenzó a trabajar en la Universidad de Miami, donde el jefe de servicio le ofreció un cargo “full time” en dermopatología, siendo el primer dermatólogo en lograrlo. Halló un buen sitio de trabajo y surgen una serie enorme de artículos y conceptos como: micosis fungoide granulomatosa, hiperqueratosis epidermolítica, disqueratosis acantolítica, entre otros.
Tuvo la fortuna de encontrar a un amigo y mentor como Arkadi M Rywlin, quien había escapado de los nazis en Polonia, viajó por el mundo hasta quedarse en Miami y le enseñó a Bernie cosas como: “…uno ve con los ojos pero mira con el cerebro…” Mientras diagnosticaban en dermopatología, aprendió lo inútil de tantas sinonimias en la especialidad y toma de Rywlin, las expresiones de “la torre de dermatopatobabel” (confusiones y errores por el mal uso del lenguaje médico y no médico) y “medicina elefantina” (un elefante atado con su trompa a la cola de otro), para expresar la molestia que le producía el observar que lo que hace un médico, lo repiten sin pensar los demás.
En 1973, deja Miami y comienza su etapa en Nueva York, en la unidad de cáncer de piel en la Universidad de esa ciudad. Se le confió la enorme tarea de construir la dermopatología y eso hizo en la atmósfera cosmopolita de esa urbe, que tanto quiso. Su sitio de trabajo era pequeño, en la famosa suite 7J de la segunda avenida donde al principio trabajaban y aprendían Bernie, sus asociados, secretarias, estudiantes y el laboratorio que luego se mudó a otro sitio. La sala más grande era la de los microscopios de lectura de preparados, de dieciocho cabezales unidos por un sistema óptico, que posibilitaba que lo que él veía, lo vieran todos. Todos significaban: estudiantes, residentes, asociados y discípulos de casi todo el mundo, en una época donde la dermopatología crecía en importancia y había emergido como una subespecialidad médica. Los libros de texto del siglo XX, como el de Mc Carthy, la primera edición de Lever de 1949, Allen, 1954, Montgomery de 1967 y luego el de Meregan y Pinkus de 1969, eran cada vez más leídos.

En 1962, se funda la Sociedad Americana de Dermopatología y en 1974 se toma la primera tanda de exámenes para certificar la subespecialidad; Ackerman se encontraba entre los primeros doscientos cinco en rendir dicho examen. Uno de los diagnósticos más frecuentes, brindados por los patólogos en el campo de las dermatosis inflamatorias, era el de “dermatitis crónica inespecífica”, aunque Pinkus y Clark intentaron descifrar un método de diagnóstico por etapas y patrones, le estuvo reservado a Ackerman el hacerlo de manera comprensible, coherente y reproducible. Enseñar e investigar, en la forma en que ya Wilhem Von Humboldt había aconsejado en 1810, fue la distinción principal del 7J en manos de Bernie sobre la base de la lectura diaria de preparados histológicos, que condujeron a nuevas ideas. Esto atrajo a numerosos alumnos de todo el país y el extranjero, nunca estaba solo al momento de informar, lo que hacía que debiera justificar cada diagnóstico. Esto forzó a Ackerman a crear una metodología de lectura del preparado histológico en forma sistemática, sobre la base de criterios diagnósticos precisos; fluyeron así gran cantidad de trabajos originales del 7J. En los 70, describió las pápulas perladas del pene, el nevo recurrente o pseudo melanoma, la enfermedad de Grover y estableció criterios diagnósticos confiables para el nevo de Spitz, melanoma, linfomas, pseudo linfomas y carcinoma basocelular esclerodermiforme.
Desde que partió de Harvard, deseaba escribir un libro diferente y superior a todo lo escrito antes, es así que surge en 1978, la primera edición de su obra maestra: “Diagnóstico Histológico de las Enfermedades Inflamatorias de la Piel”, sobre la base del análisis de las imágenes morfológicas, la densidad y distribución de las células inflamatorias y crea nueve patrones histológicos que luego subdividió, de acuerdo con las reacciones de la epidermis y la composición del infiltrado, todo dedicado al diagnóstico específico.
Con este libro la era descriptiva culmina y comienza la era analítica en la dermopatología, sus ideas comienzan a crecer rápidamente y extenderse. En el primer simposio internacional de la Sociedad Internacional de Dermopatología organizado por Ackerman en Amsterdan fundada por él, se convirtió en el primer gran éxito mundial de la dermopatología y siguieron muchos otros, con algunos títulos originales de su autoría como en el tercer coloquio en Londres que bautizó: “Dermopatología Scherlockiana”, en 1981.
Sus conferencias, siempre con un mensaje de enseñanza, concisas, divertidas, originales, llenas de ideas nuevas, renovadoras y desafiantes se caracterizaban por las fotos de óptima calidad, aunque Ackerman nunca sacó una en toda su carrera, sus alumnos lo hacían, él solo señalaba cuál vidrio y qué campo y hasta no conseguir la perfecta, el voluntario seguía trabajando en ello.
Kerl y Burgdorf en su tributo a Bernie, citan de J L Borges: “El lenguaje es una tradición, una forma de sentir la realidad y no un mero y arbitrario glosario de símbolos”  al referirse a la cualidad de Ackerman para la precisión y pasión en el uso del lenguaje, aunque lamentaba no haber podido aprender otro idioma que el natal.
En 1979 funda la revista American Journal of Dermopathology (AJDP), donde vuelca toda su creatividad en secciones como controversias, especulaciones en dermopatología, claves sutiles para el diagnóstico, el hombre detrás del epónimo y otras más.
El AJDP se convirtió en una fuente de trabajos excepcionales por parte de Bernie y colaboradores, solo en el primer año se publicaron una revisión del Paget extramamario, el estadio en parche de la enfermedad de Kaposi y el descubrimiento de los cuerpos de Kamino en el nevo de Spitz. El primer artículo del número uno fue la descripción de Ackerman y Sánchez de la micosis fungoide en su estadio parche-maculoso, hoy un verdadero clásico que comenzó a enterrar el  nebuloso concepto de las parapsoriasis.
Se preocupó en conocer el desarrollo completo de la morfología de una enfermedad en toda su extensión, así surge “La vida de las lesiones” con Anna Ragaz en 1984, donde demuestra lo que Rudolf Baer admiraba: “…esa increíble capacidad para otorgarle a los preparados la mágica capacidad de cobrar vida y transformarse en un proceso biológico…”
Un aspecto que le preocupó y en el que se interesó fue el de las neoplasias melanocíticas y el melanoma, en 1976 publica junto a N Price (un discípulo) y su viejo amigo  A M Rywlin criterios histológicos, para el diagnóstico del melanoma reproducibles y confiables, que nunca antes se habían mencionado como la asimetría de la silueta, con los años los mejoró y enmendó, refinándolos gracias a la enorme cantidad de preparados leídos (más del millón y medio). Reflota y explica genialmente el concepto de melanoma “in situ”, confrontando en este tema con su maestro Clark, quien no aceptaba del todo el término argumentando, ya que no existía en estos casos invasión dérmica. Bernie prefería los diagnósticos directos, claros y sin eufemismos y si la lesión cumplía con los criterios de melanoma, era un melanoma y debía ser diagnosticado de esa forma.
Si bien Ackerman reconocía que los cambios biológicos suceden continuamente, las alteraciones moleculares, por ejemplo en el melanoma, ocurren mucho antes que la neoplasia es extirpada. En la esfera de los nevos melanocíticos y el melanoma, aceptaba cuatro posibilidades: nevo,  melanoma,  melanoma asociado a un nevo y no sé.
Acérrimo opositor de los diagnósticos grises y evasivos como “nevo displásico”, (nunca definido claramente) y ferviente batallador de lo que consideraba la verdad, aunque tuviese que confrontar contra todos los demás, sus argumentos brillantes y lúcidos rara vez eran errados, pocas veces claudicaba en una controversia científica pero la efectuaba honestamente, convencido de los mismos.
Mark Hurt recuerda esa lección en su homenaje a Bernie: Diagnosis! (Not Prognosis, Not Potential, Not Risk) (Diagnóstico, no pronóstico, no potencial no riesgo) al poner como ejemplos vagos términos no diagnósticos como MELTUMP: tumor melanocítico de potencial biológico incierto.
Como persona se sentía impresionado por lo vivido por el ser humano durante el Holocausto; en el que fuera el campo de exterminio de Majdonek nunca olvidó una frase escrita allí: “mientras esté aquí permanezca en silencio, cuando se retire, nunca más lo esté” y Bernie nunca se llamó a silencio cuando algo le parecía injusto, no ético o inmoral, su sentido de responsabilidad se lo impedía.
En dos ocasiones estuvo a punto de casarse pero la profesión se lo impidió, su matrimonio fue con la dermatología y sus hijos sus discípulos (Bernie´s buds), las dieciocho horas de trabajo como mínimo de cada día hubiesen sido incompatibles con el matrimonio.
Su fama de maestro se extendió por el mundo y estudiantes de distintos países, llegaban a las 4:30 Am para reservarse su asiento en los microscopios multicabezales. Llegaba a las 7 y se comenzaba a leer los preparados en consulta, los estudiantes a veces mejilla con mejilla, observando con un ojo solo los preparados; muchos solían iniciar una amistad duradera y más de un matrimonio se gestó allí. ¿Cuáles eran las atracciones para ir a rotar con Bernie?: una de las más importantes era su competencia, increíblemente eficiente en su velocidad y certeza diagnóstica, a poco aumento era capaz de diagnosticar enfermedades infrecuentes como la acrodermatitis enteropática o un estadio macular del Kaposi, informaba sin conocer los datos clínicos y luego los correlacionaba, cambiando, sobre bases firmes de conocimiento y honestidad intelectual el diagnóstico, si era necesario.

La cantidad de preparados que llegaban al 7J en esa época de Nueva York era enorme, llegando a 120.000 por año, con un discípulo a cada lado, le pasaban uno a uno los vidrios y entre los casos de rutina, cuando un caso era difícil o importante, se detenía, miraba a su entorno y preguntaba: quién? o directamente preguntaba  señalando a alguien en particular y si este no sabía, le instaba a describir sus hallazgos sin humillarlo y siempre enseñando.  Cuando el “fellow” acertaba, le pedía los criterios  que utilizó para llegar al diagnóstico correcto, siempre en una atmósfera de buen humor y estímulo para los demás. Todos querían integrarse y participar. Si un caso encajaba en un proyecto, trabajo en curso o un nuevo libro gritaba: “¡que belleza!” o “!miren esto!” y se separaba  el vidrio para las fotos de rigor, no sin antes señalar las claves diagnósticas.
El sentido del humor de Bernie era tremendo, la larga jornada, nunca tediosa, estaba salpicada de bromas y anécdotas que lo pintaban en sus poses típicas, su risa infantil y la limpieza posterior de sus lentes.  Uno de sus blancos fue Kopf, a quien Bernie llamaba: dolor de cabeza en alemán (“Kopfchmerz”) mientras trabajaban juntos en un proyecto, que al final, escribió Bernie casi en su totalidad pero Kopf fue primer autor.
Su mente iconoclástica ya es leyenda, pocos temas de la especialidad no han sido estudiados y cuestionados por él e instaba a los alumnos a hacer lo mismo, pensando. En las sesiones de lectura de preparados de la mañana, existían bienvenidos descansos donde se bebía un café y se comía algo, en ocasiones en el descanso de la escalera; Ackerman aprovechaba estos minutos para dictar cartas, llamar por teléfono y a veces tomaba una siestita de 5 ó 10 minutos en el suelo del despacho, de donde volvía descansado.
Por la tarde se dedicaba a los proyectos de sus estudiantes, trabajos, capítulos de libros o fotos para sus conferencias. La jornada finalizaba a las seis Pm luego de la que, Bernie cenaba en alguno de sus restaurantes preferidos, donde era conocido, agasajando a sus estudiantes e invitados cada noche y disfrutando de comidas picantes que le fueran prohibidas en su niñez. Las cenas con él eran un deleite de anécdotas y relatos. A eso de la medianoche se retiraba a su piso, se despertaba a las 4 Am para escribir durante unas horas antes de llegar al Instituto, impecablemente vestido y fresco a las 7. Escribía además en los vuelos hacia los Congresos, cada mañana repartía manuscritos entre sus “fellows” para corregir y releer.
Surgen así otras obras maestras como: Differential Diagnosis in Dermopathology, Clues to Diagnosis in Dermopathology, en donde sobresalen el estilo de diagnosticar a poco aumento: “… nunca te acerques demasiado …” afirmaba y contrastaba dos entidades para buscar las diferencias. Estableció el diagnóstico por patrones en la patología inflamatoria y por la silueta en neoplasias. Por los noventa ya era una leyenda y convergían alumnos de todas partes del planeta para rotar con él, fue criticado por escribir libros enteros en base a su experiencia, sin copiar ni una frase y sin referencias bibliográficas, salvo los trabajos “princeps”; luego corrigió esta rutina y utilizaba referencias actuales, para desmenuzarlas por lo general y rehacer un concepto nuevo y “revolucionario”.

El nombre Ackerman superó al hombre que lo portaba; en 1994 la Sociedad Internacional de Dermopatología instituye la “Conferencia Ackerman”, la más importante de los simposios. Como nadie es profeta en su tierra, el sucesor de R Baer, Irvin Freedberg recortó las libertades de Ackerman en Nueva York y en 1993, renuncia y acepta el cargo de Director de Dermopatología en el  Jefferson Medical College en Filadelfia. Los alumnos se mudaron en masa con él y en 1995 funda su segunda revista Demopathology Practical & Conceptual con espectro aún más amplio de temas, siempre originales y desafiantes. Fundó también dos editoriales: Promethean Medical Press y Ardor Scribendi, que sigue viva en la actualidad de la mano de su sobrino.
Atacó todo acto que favoreciera la mercantilización de la medicina,  aborrecía que  se haya convertido a los médicos en proveedores  y pacientes en clientes, así como comportamientos no éticos de profesores al declarar como peritos de parte en juicios de mala praxis.
Vuelve a su querida Nueva York y funda la Academia Ackerman, espaciosa y con más de 27 microscopios unidos y monitores que permitían formar a 75 alumnos en cada rotación con salas para sus asociados, secretarias y rotantes. Se encontraba feliz de estar de nuevo en Nueva York y creó un sitio en Internet, derm101.com en el que pronto publicaría su revista D P&C (hoy enteramente on line), en conjunto con colegas de Graz, Austria, que actualmente siguen colaborando. Al acercarse a los 70 años, Bernie sintió que sus ojos ya no eran los más rápidos del mundo y decidió “correrse”, para que una nueva generación de patólogos jóvenes tome su lugar, retirándose el 30 de junio de 2004. Las responsabilidades de la Academia Ackerman quedaron a cargo de Geoffrey Gottlieb y ya no informaba en forma rutinaria en la Academia, concurría dos veces por semana para los preparados en consulta y continuaba escribiendo trabajos y libros; Bernie fue autor de más de 700 trabajos y más de 60 libros.
Dermopathology Practical & Conceptual prosiguió de la mano de su protegida extranjera Almut Böer (Hamburgo) y a partir de 2011 de Haraldt Kittler (Austria).
Los últimos años prosiguió su labor dedicándose a temas de ética y educación; ya se mencionaron sus conflictos nada menos que con Kligman. Con Fitzpatrick y sus acólitos se enfrentó duramente al mentir estos flagrantemente, en un juicio de malapraxis contra el mismo Ackerman, en Filadelfia, inmediatamente creó una sección en D P&C denominada Historia, Ética y Academia para estos temas.
Habiéndose podido retirar solo para disfrutar, siguió lidiando con los intolerantes, profesores mentirosos y contra  toda clase de injusticias en la profesión. Era la razón de su existencia y fue cumplida con creces, un trabajo muy bien hecho, Bernie.
Mi experiencia con Bernie fue muy enriquecedora, a pesar que aprendí  y repasé los rudimentos de la Dermopatología durante solo un mes en 2004. Me favoreció haber leído desde 1981, casi todo su obra y al ser dermatólogo, conocer las enfermedades que para muchos patólogos generales que rotaban, les eran extrañas.

Dejando de lado las circunstancias que me impulsaron a trasladarme a la Academia, mi gran incógnita era: este hombre que en lo que escribe es genial, aplicará lo que predica en sus informes histopatológicos? La respuesta la tuve el primer día: si. Todo lo escrito era utilizado por la Academia Ackerman en sus informes, llamados telefónicos para explicar un caso, cartas, libros, conferencias en preparación, etc. Cada nevo era diagnosticado con su epónimo, la risa acerca de lo que para la mayoría constituía el nevo displásico era general y el decir “no sé, veamos mañana a primera hora, descansados”, me pareció un signo de grandeza que pocos poseen en esta profesión. Los rotantes jóvenes, patólogos en general, aprendían el concepto rápidamente y dejaban de usar la confusa terminología corriente. En una mañana despedazó el concepto de melanoma animal en forma tan brillante, que no pude dejar de pensar por largo tiempo, como a nadie se la había ocurrido antes!!
Me lo advirtió casi un año antes el mismo Bernie cuando lo conocí personalmente, “vas a soñar en rojo y azul” (por la Hematoxilina & Eosina) y fue así, tuve la oportunidad de ayudarlo en tareas secundarias mientras finalizaba la tercera edición de su libro de Diagnóstico Histológico de las Enfermedades Inflamatorias de la Piel y asombrarme al ver cómo de su cabeza, brotaban frases enteras corrigiendo las ediciones anteriores, sin copiar nada de nadie! No lo podía creer. La capacidad de trabajo de Bernie, deslumbraba y su sentido del humor unido a la interminable cantidad de anécdotas hicieron que el tiempo volara. Ya tenía decidida la fecha de su retiro y en el salón de lectura de preparados, había hecho colocar un reloj que marcaba la misma en días, horas, minutos y segundos….30 de junio de 2004.
Me comentaba que por fin no iba a tener que lidiar con fechas para sus conferencias, tantos vuelos y clases que preparar. Una de las críticas más frecuentes hacia Bernie, era que si bien era dermatólogo no veía pacientes, en varias ocasiones al tener que explicar personalmente un diagnóstico, me pidió que lo acompañase, yo solo observaba su manera de tratar al paciente y doy fe que no era inferior a la de los mejores clínicos dermatólogos que he conocido.  Se lamentaba en no haber tenido nunca un “fellow” argentino y yo lamenté profundamente no haberlo conocido antes.
En solo un mes, me dejó decenas de anécdotas y veintinueve noches en que conocí los mejores restaurantes de la cuidad.
Su inesperada muerte el viernes 5 de diciembre de 2008,  me dejó un hueco en el espíritu y bastante más solo, pero espero y haré lo posible para que sus enseñanzas no se olviden, es un buen objetivo.


AB Ackerman, en 2003, Vitoria Spíritu Santo, Brasil. Juntos en una excursión durante el Congreso Brasilero de Dermatología.

REFERENCIAS

1. Weyers W. A Bernard Ackerman -1936-2008. Am J Dermopathol 2009; 31: 740-761.

2. Kerl H y Burgdorf W. A Bernard Ackerman (1936-2008) The most important dermopathologist of the 20th century, who transformed the world of Dermopathology.  Am J Dermopathol 2009; 31:734-739.

3. Lazova R. Tribute to A Bernard Ackerman, MD. Am J Dermopathol 2009; 31: 771-781.

4. Hurt MA. Diagnosis! (Not Prognosis, Not Potential, Not Risk).  Am J Dermopathol 2009; 31: 763-765.

5. Jablonska S y Grzybowski A. A B Ackerman´s Phenomenon:The preacher and the Master of Dispute.  Am J Dermopathol 2009; 31:769-779.

6. Sanguezam OP. Remembering the man And the Teacher.  Am J Dermopathol 2009; 31: 733.

7. Weyers W. The Abuse of Man. An Illustrated History of Dubious Medical Experimentation. New York, Ardor Scribendi, 2003.

8. Ackerman AB. Holmesburg Prison, Philadelphia, September 1966 -June 1967. Acknowledgement of error and regret. Dermopathol Pract and Conceptual 1999; 6: 212-219.

9. Ackerman AB. Explanation for the Seemingly Inexplicable Behavior of Thomas B Fitzpatrick at a “Trial in Philadelphia” and after it: Vendetta for 35 years. Dermopathol Practic & Conc October-November, 2003, vol 9. www.derm101.com

Referencias

REFERENCIAS

1. Weyers W. A Bernard Ackerman -1936-2008. Am J Dermopathol 2009; 31: 740-761.

2. Kerl H y Burgdorf W. A Bernard Ackerman (1936-2008) The most important dermopathologist of the 20th century, who transformed the world of Dermopathology.  Am J Dermopathol 2009; 31:734-739.

3. Lazova R. Tribute to A Bernard Ackerman, MD. Am J Dermopathol 2009; 31: 771-781.

4. Hurt MA. Diagnosis! (Not Prognosis, Not Potential, Not Risk).  Am J Dermopathol 2009; 31: 763-765.

5. Jablonska S y Grzybowski A. A B Ackerman´s Phenomenon:The preacher and the Master of Dispute.  Am J Dermopathol 2009; 31:769-779.

6. Sanguezam OP. Remembering the man And the Teacher.  Am J Dermopathol 2009; 31: 733.

7. Weyers W. The Abuse of Man. An Illustrated History of Dubious Medical Experimentation. New York, Ardor Scribendi, 2003.

8. Ackerman AB. Holmesburg Prison, Philadelphia, September 1966 -June 1967. Acknowledgement of error and regret. Dermopathol Pract and Conceptual 1999; 6: 212-219.

9. Ackerman AB. Explanation for the Seemingly Inexplicable Behavior of Thomas B Fitzpatrick at a “Trial in Philadelphia” and after it: Vendetta for 35 years. Dermopathol Practic & Conc October-November, 2003, vol 9. www.derm101.com

Sea el primero en comentar este artículo

Deje su comentario

Su casilla de mail no será publicada.


*